
Un barquito navega tranquilo por el mar, con una bandera con forma de corazón en el mástil y un gatito asomado desde la cubierta mirando el horizonte. Con un dedo se elige el color, y con otro toque se pinta la parte elegida del barco: fácil. Si el resultado no convence, limpiar reinicia todo de una. No hace falta ser grande para animarse: alcanza con haber cumplido 3 años.
Los barcos flotan porque desplazan una cantidad de agua igual a su propio peso, lo que los mantiene arriba en vez de hundirse. El casco es la parte que va bajo el agua y evita que entre adentro.
Un truco simple para que quede prolijo: usar tonos parecidos en las partes que van juntas, como el agua o el cielo, y reservar un color bien distinto para lo que se quiere que resalte, como la bandera.